
Campillo de Llerena. Republicano y Franquista. Puerto de Argallanes. Frente de Extremadura.
Hay cosas que no te enseñan en los libros ni se quedan guardadas en los archivos. Están ahí afuera, agazapadas bajo nuestros pies, esperando pacientemente a que alguien pase, se agache y quiera escucharlas. Muchas veces, esa llamada no llega de un despacho oficial, sino de una charla de tú a tú, de esas que se quedan grabadas mientras compartes un café en el bar de toda la vida con alguien que te habla con el corazón en la mano.
Gracias a esa charla, a esa generosidad tan nuestra de quien confía y comparte lo que oyó de sus mayores, hemos podido rescatar del olvido una línea entera de trincheras y fortines. No son solo restos viejos en el monte. Son el reflejo del sufrimiento, del frío y del miedo de personas como nosotros, de carne y hueso, que pisaron este mismo suelo en los momentos más difíciles.
Muy pronto, en nuestra web, os vamos a enseñar las fotografías que hemos conseguido sacar de ese terreno. Al verlas, vais a notar la dureza de aquellas zanjas, cavadas a pulso, metro a metro, dominando un paisaje que hoy nos mira en silencio. Queremos que, cuando las veáis, sintáis el mismo respeto y la misma emoción que nosotros al caminar por allí y pensar en los que estuvieron antes.
(Campaña de prospección y registro documental de Campo (Archivo fotográfico: Registro 5 de abril de 2009)
«Texto original e investigación fotográfica y documental de José Pecero. Se ha empleado asistencia de IA únicamente para la revisión ortotipográfica y mejora de la redacción.»
A veces pensamos que la historia de la guerra ocurrió lejos, en mapas lejanos o en batallas de las que solo hablan los libros. Pero no. Este frente no fue un escenario secundario; fue uno de los rincones más activos y dolorosos de nuestra provincia en los primeros meses de 1937. Aquí la tierra se convirtió en un teatro de ataques y contraataques feroces, un punto neurálgico donde ambos bandos se desangraron sin piedad, pagando un tributo insoportable en vidas humanas y sufrimiento.
El motivo de tanto encarnizamiento tenía nombre propio: la obsesión estratégica del general Queipo de Llano por arrancar de cuajo un terco saliente republicano que se clavaba como una cuña en la zona sublevada. Aquella porción de tierra, agreste y sufrida, acabó siendo la tumba anónima de incontables extremeños.
La tragedia de aquella guerra fratricida se vivió aquí con una virulencia desgarradora, porque los que se mataban en las trincheras eran, en muchos casos, vecinos, conocidos o paisanos. En el bando republicano combatían quienes tuvieron que huir de sus pueblos para salvar la vida tras la ocupación, buscando refugio en sus ideales, junto a voluntarios llegados de lejos —de Valencia, de Murcia— y aquellos valientes de las Brigadas Internacionales que cruzaron fronteras para jugarse la vida. Enfrente, en las filas del reconstruido Regimiento Castilla, de la Legión y de las banderas de Falange, luchaban miles de mozos y paisanos de nuestra propia provincia, muchos de ellos arrancados de sus casas y reclutados a la fuerza.
Como ocurrió en toda la posguerra, la memoria de los caídos se dividió y se hizo selectiva. El bando vencedor levantó monumentos y llenó las paredes de las iglesias y los ayuntamientos con lápidas que aún hoy, mudas y solitarias, perviven en pueblos como Hornachos. Para los vencidos, en cambio, solo hubo silencio, olvido y prohibición de llorar en público.
Pero detrás de la gran Historia, con mayúsculas, siempre hay nombres, rostros y lágrimas que la política jamás logró borrar. Esos relatos personales son los únicos que le dan la verdadera dimensión a la tragedia. En mi propia familia, sin ir más lejos, dos hermanos de mi abuelo —mis tíos abuelos— cayeron en estos mismos frentes de La Serena, vistiendo las camisas azules de las banderas de Falange.
Uno de ellos, Juan Antonio Merchán, pudo ser recuperado y enterrado en su pueblo, honrado en su día como un héroe de la causa. Sin embargo, la memoria íntima de nuestra familia guarda un matiz que la historia oficial ignoraba: a pesar de militar en Falange desde su fundación, era un hombre de espíritu noble y demócrata, de esos que sabían compartir una charla y una amistad sincera con personas de ideologías contrarias. El otro, Modesto Merchán, desapareció en combate. Su cuerpo jamás apareció. Durante días interminables, mi abuelo Antonio recorrió aquel frente desolado, buscando con el alma en un hilo entre el barro y la muerte, con la única esperanza de encontrar a su hermano para darle cristiana sepultura en Fuente del Maestre. Nunca lo encontró.

Fotografía y texto procedentes del apartado «Mis tíos» del libro Mochila y Jara. Vestigios de la Guerra Civil en la provincia de Badajoz, de José Pecero.
Por todo esto, este trabajo de documentación va mucho más allá de la historia fría o de la arqueología de trinchera. Es, ante todo, un acto de profunda justicia y de memoria viva. Un abrazo eterno y un recuerdo agradecido para Juan Antonio, para Modesto y, por extensión, para todos aquellos extremeños —de uno y otro bando— cuyas vidas quedaron destrozadas para siempre en estos campos. Ojalá que el redescubrimiento de estas piedras sirva para honrar su sacrificio, para sanar con verdad y respeto, y para no olvidar jamás la profunda herida que aquella guerra dejó clavada en nuestra tierra.
Trinchera situada en el Puerto de Argallén, de donde proceden todas las fotografías que expongo en este pequeño artículo. Las sierras que aparecen al fondo de la foto son las que están cerca de Retamal de la Serena, ya en zona franquista.
El único fortín que encontramos está destruido, pero se mantiene la base y las entradas al mismo desde las trincheras.
Detalle de la entrada desde la trinchera.
Ceder la serena expone lo publicado en la web http://www.1936laserenalosmonegros.es/sobre sobre estas posiciones documentadas por ellos.
Las fotografías reflejan parte de los restos de las trincheras y posiciones que controlaba el Ejército de la República en los altos de Puerto Argallén. Se dominaba el paso de la carretera de Campillo de Llerena a Higuera de la Serena. Fue una zona de importantes enfrentamientos con retrocesos y avances por ambos bandos. Así, durante la contraofensiva iniciada por la República a mediados de febrero, se desplazaron al frente unos 8.000 hombres de la 45.ª División Internacional (Brigadas 12, 13 y 14). Finalmente, la zona fue ocupada por los franquistas a finales de febrero de 1938, ubicándose la línea de frente, por esta zona del sur, en territorio de la comarca histórica de La Serena.
José Pecero Merchán.
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José Pecero Merchán
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