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Cáceres. El último vigía del aire: Auge y olvido del Aeródromo franquista, Frente de Extremadura.

28 Diciembre 2025
28 Diciembre 2025

A escasos tres kilómetros y medio del centro de la ciudad, donde hoy el asfalto de la carretera de Mérida domina el paisaje, se extiende un terreno de silencio que custodia los ecos de la aviación española del siglo XX. El Aeródromo de Cáceres, un enclave que nació de la necesidad militar y terminó sucumbiendo al paso del tiempo, representa un capítulo fundamental de la memoria bélica y aeronáutica de Extremadura.
Redacción de Historia y Patrimonio.
Guerracivilenbadajoz.com
Cáceres 1936-1937: El epicentro estratégico de la guerra aérea
CÁCERES. — Septiembre de 1936 marcó el punto de inflexión para la aviación en el bando sublevado. En apenas unas semanas, la capital cacereña acogió dos cumbres militares de alto nivel que definirían el combate en los cielos. En la primera, el general Franco, junto a Kindelán y el coronel italiano Bonomi, sentó las bases tácticas del uso de la caza. Poco después, el «Generalísimo» sellaba con el eje Berlín-Roma —representado por Warlimont y Roatta— la reconversión de los Castillos de las Argüijuelas en un centro neurálgico para la instrucción y el suministro bélico alemán.
El bautismo de «La Cucaracha»
Aunque la presencia de los Messerschmitt de la Legión Cóndor en el aeródromo local fue solo transitoria, la actividad operativa fue frenética. Ya el 9 de agosto de 1936, una escuadrilla de Fiat C-32 (los célebres «Chirris») bajo el mando de García Morato y pilotos italianos, inició sus servicios de escolta en el avance hacia Madrid. Estas patrullas, autodenominadas «La Cucaracha», se convirtieron en el azote de la aviación republicana, logrando un palmarés de derribos que las situó en la élite de la aviación legionaria.
Emblema de la escuadrilla aérea fascista italiana La Cucaracha.
La superioridad de los «Katiuskas» soviéticos
La vulnerabilidad de las defensas franquistas quedó al descubierto el 28 de octubre de 1936. Tres Tupolev SB2 de fabricación rusa —apodados «Katiuskas»— lanzaron una incursión relámpago sobre el aeródromo cacereño. Con velocidades de 430 km/h, estos bimotores de la escuadrilla de Ernst Schacht (con base en Albacete) se mostraron inalcanzables para los Heinkel y Fiat de la época. Este revés obligó a una reforma de urgencia: se construyeron búnkeres subterráneos —hoy conservados— y se aprobó la ampliación de las pistas y el desvío de la carretera a Mérida.
Tragedia urbana y represión
El episodio más oscuro llegaría el 23 de julio de 1937. Cinco bombarderos soviéticos sobrevolaron la Ribera del Marco para descargar 18 proyectiles sobre el casco urbano. La incursión no discriminó objetivos: el mercado de abastos, el instituto de enseñanza media, el Gobierno Civil y la Plaza de Santa María sufrieron el impacto de las bombas.
El balance fue devastador: 36 muertos y decenas de heridos. Sin embargo, las consecuencias no terminaron con el humo de las explosiones. El bombardeo desencadenó una purga interna en la ciudad; el miedo a una supuesta «quinta columna» disparó el número de detenciones y fusilamientos, castigando a ciudadanos señalados como presuntos cómplices de la incursión republicana.
Fuente: Los datos históricos recogidos en esta crónica han sido extraídos de la obra El Aeródromo de Cáceres: De historia de la aviación a bien cultural, editada por el Ministerio de Defensa.
Una arquitectura de guerra y subsistencia
A diferencia de las modernas bases aéreas, el aeródromo cacereño nunca presumió de pistas asfaltadas. Se trataba de un área de vuelo natural, un descampado casi circular de aproximadamente 1.000 metros de diámetro donde la pericia de los pilotos era el único sistema de navegación.
Lo que realmente definía a este complejo era su entramado defensivo y logístico. El diseño se articulaba en torno a un eje de 300 metros donde se alineaban diversos barracones. Sin embargo, su elemento más característico eran sus cinco refugios antiaéreos: estructuras semienterradas construidas con ladrillo y cemento. En un alarde de ingenio técnico ante la escasez de materiales, el blindaje de estas bóvedas se realizaba con raíles de tren invertidos, una solución de fortuna capaz de resistir impactos de fragmentación.
El cinturón defensivo
La seguridad del campo de vuelo no se limitaba a su perímetro inmediato. Un kilómetro más allá, una pieza antiaérea vigilaba el horizonte desde un complejo que incluía:
  • Un edificio de control táctico.
  • Alojamiento semienterrado para el destacamento de servidores.
  • Un refugio subterráneo de emergencia.
  • Un pequeño blocao de protección, cuyos restos todavía asoman entre la maleza como testigos mudos de la vigilancia aérea.
Esta imagen muestra un plano técnico militar de una parcela con diversas edificaciones, titulado "Edificaciones" con una escala de 1:2.000. El documento tiene un sello oficial del Ministerio de Defensa de España (Archivo Histórico del Ejército).
La ubicación se identifica por la carretera a la izquierda: "Carretera de San Juan del Puerto a Cáceres".
A continuación, detallo la leyenda de los 15 puntos identificativos numerados en el plano, los cuales corresponden a las instalaciones de lo que parece ser un acuartelamiento o destacamento militar:
Leyenda de Edificaciones
  1. Cocina: Situada en el extremo norte de la línea principal de edificios.
  2. Comedor y cuerpo de guardia: Edificio contiguo a la cocina.
  3. Dormitorio tropa: El pabellón más largo destinado al descanso de los soldados.
  4. Refugio: Espacio de protección.
  5. Duchas: Instalaciones de aseo.
  6. Polvorín: Almacén de municiones o explosivos.
  7. Pabellón Suboficiales y Escuela Regimental: Espacio para mandos intermedios y formación.
  8. Armería, teléfonos y cantina: Centro de comunicaciones y servicios básicos.
  9. Garajes: Ubicados en la parte baja (sur) del complejo.
  10. Transformador: Caseta para el suministro eléctrico.
  11. Pabellón Oficiales: Situado de forma independiente en la zona inferior izquierda del plano.
  12. Depósito y caseta de manipulación de carburantes: Zona de almacenamiento de combustible.
  13. Combustibles: Área aneja a la anterior.
  14. Transformador: Una segunda unidad de transformación eléctrica.
  15. Barracón almacén Unidad: Estructura exenta situada en el centro del recinto. 

Detalles Adicionales
  • Orientación: En la parte superior izquierda se observa una rosa de los vientos indicando el norte.
  • Trazado: La mayoría de los edificios (del 1 al 8) están alineados de forma longitudinal siguiendo el límite este de la propiedad.
  • Infraestructura: Se aprecian caminos internos y una delimitación perimetral clara de la parcela.

Vista frontal del edificio que albergaba el canon Flak 18
Angar

Vista general del edificio de mando puesto de controljpg

polborin

Entrada Polborin

Refugio

Entrada refugio

ista exterior del edificio de oficiales

De la Guerra Civil a los "Ases" del aire

El aeródromo alcanzó su mayor relevancia histórica durante la guerra civil española. Tras quedar bajo el control de las fuerzas sublevadas, se convirtió en una pieza estratégica clave para el hostigamiento del frente de Madrid.
Bajo el sol de Extremadura, el rugido de los motores Fiat CR-32 "Chirri" se hizo cotidiano. Por su pista de tierra pasaron figuras que marcaron el curso del combate aéreo:
  1. Joaquín García-Morato: El máximo as de la aviación española, cuya presencia en Cáceres otorgaba al campo un estatus operativo de primer nivel.
  2. Capitán Dequal y la Aviación del Tercio: Junto a pilotos como Mantelli y Franceschi, estos aviadores utilizaron la base cacereña como plataforma de lanzamiento para interceptar a la aviación republicana sobre los cielos de la capital.
Para garantizar la respuesta inmediata, el campo contaba con un búnker de guardia situado presumiblemente en la cabecera de la pista. Allí, los pilotos permanecían en alerta constante, listos para despegar en cuestión de segundos ante cualquier incursión enemiga.

El presente: Ruinas y vuelos de recreo
Hoy, el Aeródromo de Cáceres es una sombra de lo que fue. La expansión urbana y el desuso militar han desdibujado su silueta. Actualmente, el único rastro de su actividad pasada son dos barracones remozados y un hangar metálico.
Este hangar, lejos de albergar cazas de combate, ha servido durante las últimas décadas como refugio para los aviones ultraligeros del club de vuelo local, manteniendo viva, de forma testimonial, la vocación aérea del terreno. Mientras los restos del blocao y los búnkeres semienterrados luchan contra la erosión, este espacio permanece como un recordatorio de la época en que Cáceres fue una escala obligada en los mapas militares del aire.
¿Sabías que…? El uso de raíles de tren como blindaje en los refugios del aeródromo es uno de los ejemplos más destacados de "ingeniería de campaña" que se conservan en la provincia, reflejando la precariedad y la urgencia de la época.
 
I. El Fiat CR-32 "Chirri": El alma de la base de Cáceres
Para entender la importancia del aeródromo, hay que conocer la máquina que lo hizo famoso. El Fiat CR-32 (donde "CR" responde a Caccia Rosatelli, por su diseñador Celestino Rosatelli) fue el caza biplano más exitoso de su era.
  • Agilidad suprema: A diferencia de los cazas modernos que apuestan por la velocidad, el "Chirri" era un maestro de la maniobrabilidad. Sus pilotos destacaban su capacidad para realizar giros cerrados y acrobacias, lo que permitía a los ases como García-Morato dominar los "dogfights" (combates cerrados) sobre el frente de Madrid.
  • Ficha técnica del visitante de Cáceres:
    • Motor: Fiat A.30 RA bis de 600 CV. Un rugido inconfundible que despertaba a la ciudad cada mañana.
    • Armamento: Dos ametralladoras Breda-SAFAT de 12,7 mm sincronizadas para disparar a través de la hélice.
    • Velocidad máxima: Unos 360 km/h, una cifra respetable para un biplano de estructura metálica y revestimiento de tela y duraluminio.
  • En combate: Desde Cáceres, estos aviones despegaban para interceptar a los "Chatos" (I-15) republicanos. Su robustez era legendaria; podían soportar daños estructurales graves y seguir volando, algo vital cuando se operaba desde una pista de tierra como la cacereña.
El Aeródromo de Cáceres no es solo un conjunto de ruinas; es un museo al aire libre que carece de carteles informativos. Su valor reside en la autenticidad de sus materiales —ladrillo, cemento y raíles de tren— que cuentan la historia de una ciudad que, durante unos años convulsos, fue el escudo y la lanza de un ejército en el aire.
Nota del editor: Dada la fragilidad de estos restos y que algunos se encuentran en terrenos de acceso restringido o propiedad privada, se recomienda siempre la observación respetuosa para preservar este patrimonio único de Extremadura.
Descarga el Aeródromo de Cáceres, en PDF. Publicado por el Ministerio de Defensa.
José Pecero Merchán.
He contado con la ayuda de herramientas de IA para la corrección gramatical de este artículo.

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