
Puerto Mejoral - Benquerencia de la Serena : El frente de sangre y piedra que el tiempo no pudo borrar.
15 Junio 2026
15 Junio 2026
Me he encontrado de nuevo con otra carpeta que pone Benquerencia de la Serena, Puerto Mejoral. Mejor dicho, íbamos a Puerto Mejoral y salimos en dirección a Benquerencia. Esta carpeta tiene fecha del 6 de julio de 2009. Es curioso cómo la tenía guardada y cómo van apareciendo poco a poco. Quizás sea un poco repetitivo, pero es lo que hay.
¿Qué fue lo que nos pasó? Ocurrió que en un primer intento salimos desde la ermita de Belén, en Cabeza del Buey, y nos quedamos en Puerto Mejoral. Gracias a que nos atendió un hombre que nos dio agua, y gracias también a Juanjo Cabello, que estaba de profesor en Cabeza del Buey, logramos salir del aprieto.
Después volvimos para intentar rehacer la ruta, y en ese momento nos acompañó el amigo Carlos Cadaval. Llegamos a Puerto Mejoral, aparcamos el Mercedes en la única calle que hay y nos fuimos andando, buscando siempre la posición de los dos nidos de ametralladora que se nos quedaron atrás la última vez. Nos encontramos con el primer nido de ametralladora (que ahora pondremos en fotos), luego fuimos al segundo y después seguimos una trinchera bastante larga que está en la Sierra Buitrera, la cual estuvimos visitando y documentando. Lo que no puedo asegurar es si es republicana o franquista; de todas formas, creo que a lo largo del artículo lo iremos confirmando.
Pasamos un día tremendo y disfrutamos bastante con alguna que otra anécdota, porque hay quien todavía se cree que está muy fino y se quedó atascado en la salida de una tronera.
Luego regresamos a Puerto Mejoral para llamar a la puerta del hombre que nos había atendido unos quince días antes y dejarle un pequeño detalle: una botella de vino. Se sorprendió bastante, no lo esperaba, y resulta que se quedaba muy extrañado al saber que el coche era nuestro, porque llevaba toda la mañana pensando de quién sería ese coche aparcado que él no conocía. La verdad es que el hombre —no sé si vivirá aún— era un poquito como un monje; no quería que su espacio se tocara para nada.
Bueno, pues empiezo a relatar el comienzo de la aventura. Iré subiendo las fotografías y documentando todo lo que se pueda con la información que tengo sobre estas líneas del frente.
El comienzo de la aventura: Vestigios de Puerto Mejoral
Detrás de cada búnker de hormigón, de cada trinchera excavada en la roca y de cada nido de ametralladoras que resiste al tiempo en las tierras de La Serena, hay una historia que espera ser contada. Pero más importante aún, hay una historia entrañable en las miradas de quienes las buscan, las fotografían y las rescatan del olvido.
El sol de Extremadura recortaba con fuerza la silueta del viejo fortín de hormigón cuando iniciamos aquella jornada. El campo, salpicado de pasto seco y jaramagos, soplaba con un aire que traía ecos de otra época. Allí estábamos los tres, frente a frente con la historia militar de nuestra provincia, listos para adentrarnos en los vestigios de Puerto Mejoral, en el término de Benquerencia de la Serena. Una foto fija capturó aquel instante de camaradería pura, un punto de partida que hoy, al mirarlo con la perspectiva de los años, cobra un significado mucho más profundo y lleno de cariño.
El Caminante Silencioso: Una mirada atrás..
¡Vaya si ha llovido desde aquel día! El tiempo, ese caminante silencioso que no se detiene ante nada, ha ido transformando nuestras vidas. A su paso, ha trazado rumbos hermosos y ha llenado nuestros calendarios de nuevas bendiciones. Hoy, al detenernos a mirar a los componentes de aquella entrañable expedición, el balance no puede ser más bonito.
En aquellos días, veíamos a Carlos Cadaval en plena juventud, con la mochila al hombro y esa energía limpia de quien empieza a descubrir los secretos históricos de nuestra tierra. Hoy, la vida le ha sonreído con total justicia. Ha labrado un camino impecable y una trayectoria llena de éxitos: es un respetado profesor de instituto, está felizmente casado y tiene un hijo. Aquella bonita curiosidad de la juventud se convirtió, con los años, en su gran vocación para educar y guiar a las nuevas generaciones.
A su lado estaba Miguel Sánchez, compañero incansable de fatigas. Miguel siempre ha estado al pie del cañón, con el entusiasmo intacto y el conocimiento dispuesto para descifrar cada coordenada, cada trinchera y cada piedra del terreno.
Por último estoy yo, Pepe Pecero, el cronista y custodio de estos pequeños retazos del pasado. El cambio en nosotros dos se nota, y mucho, no lo vamos a negar; los años nos han dejado las sienes plateadas y nos han hecho más viejos, pero, como se suele decir con orgullo: "hemos llegado".
Hoy contemplamos aquella vieja fotografía desde la tranquila y merecida orilla de la jubilación. En mi caso, la vida me ha bendecido con la mayor de las fortunas: cuatro nietos que llenan la casa de risas, juegos y carreras, y dos más que ya vienen en camino para multiplicar la alegría.
Al mirar atrás y ver el sendero recorrido, el corazón solo puede llenarse de una profunda gratitud. Qué maravillosa andadura ha sido esta: poder compartir la pasión por nuestra historia con amigos de verdad, ver crecer a los tuyos y contemplar cómo aquellos jóvenes que nos acompañaban son hoy hombres de bien, con la vida derecha y exitosa. Sinceramente, ¿qué más se le puede pedir a la vida?
Con esa misma gratitud y con el cariño de siempre, os invito a regresar por un momento a aquel instante. Ajustemos las mochilas, pisemos el suelo firme de La Serena y comencemos, una vez más, esta inolvidable ruta por la memoria de nuestra tierra.
Las fotografías tomadas cerca de Puerto Mejoral nos trasladan de golpe a los meses más intensos de la Guerra Civil en Extremadura. En ellas se ve con total claridad una construcción defensiva impresionante por su resistencia: un búnker redondo de hormigón, diseñado especialmente para vigilar el terreno, proteger la zona y defenderse con fuerza si venía un ataque.
¿Cómo es este búnker y cómo funcionaba?
La pieza central es un búnker con forma de cúpula o "media naranja". Se construyó de manera muy artesanal, volcando el hormigón sobre moldes hechos con tablas de madera, cuyas marcas aún se pueden ver grabadas en la piedra.
Si nos fijamos en sus detalles, hay tres elementos que llaman mucho la atención y que tenían una utilidad vital para los soldados:
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La gran visera de piedra: El búnker tiene una especie de "gorra" o visera de hormigón en la parte superior. Servía para dos cosas muy importantes: proteger la rendija de observación de los trozos de metralla o los ataques desde el aire, y tapar el fuerte sol de Extremadura para que el soldado pudiera ver el campo de batalla sin deslumbrarse.
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La rendija de disparo (aspillera): Es una ranura horizontal muy ancha. No se hizo así por casualidad; estaba pensada para que las armas automáticas de la época pudieran disparar con un ángulo de visión enorme, cubriendo casi medio círculo (180 grados). Desde ahí dentro, se controlaban perfectamente los llanos de alrededor.
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La entrada secreta: Para entrar al búnker no se iba a pecho descubierto. Los soldados accedían por la parte de atrás a través de una trinchera excavada directamente en la roca, lo que les permitía entrar y salir totalmente protegidos de las balas enemigas.
Una nota para el camino: Estas ruinas que hoy vemos en mitad del campo son auténticos libros abiertos de nuestra historia. Nos recuerdan el ingenio, el esfuerzo y los momentos tan duros que se vivieron en las tierras de La Serena.
Una estructura fortificada que se conserva en bastante buen estado.
Segundo Nido y la Inscripción de los Zapadores: Un punto fascinante del recorrido. En este segundo nido localizamos una interesantísima inscripción histórica grabada por las unidades de zapadores que lo construyeron y pisadas en el hormigón.
El Emblema Central: El Arma de Ingenieros (Zapadores)
En el centro de la cúpula, aprovechando el fraguado del hormigón fresco durante su construcción, los soldados modelaron en relieve el escudo de su unidad. Se distingue con total claridad la simbología clásica del Cuerpo de Ingenieros/Zapadores:
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El Castillo/Torreón: Ocupando la base del grabado, se observa el contorno de una fortaleza defensiva con sus muros laterales.
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La Puerta Central: Justo en medio del torreón destaca una oquedad profunda en forma de arco de medio punto que representa la puerta de la fortaleza.
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Las Torres Almenadas: En la parte superior del emblema se elevan de forma esquemática las almenas o torres del castillo (se aprecian las líneas verticales que definen las torretas).
📌 Nota histórica: Este castillo almenado es el símbolo tradicional de los Ingenieros Militares en España (en contraposición al de Artillería, que suele llevar cañones cruzados y una bomba de fuego). Al ser una fortificación defensiva construida en pleno frente, este relieve es la "firma" orgullosa de la compañía de zapadores que diseñó y levantó el búnker.

En esta magnífica perspectiva de la segunda expedición a Puerto Mejoral (Castuera), vemos a nuestro incansable compañero de rutas, Miguel, sentado de manera distendida en lo más alto de la cúpula de hormigón armado del nido de ametralladoras.
La imagen es formidable porque, además de captar el buen ambiente de las jornadas de campo con amigos, sirve como una excelente referencia de escala para apreciar el volumen y la robustez de este búnker defensivo del Cierre de la Serena.
La fotografía muestra un plano detalle de una inscripción grabada directamente sobre el mortero de cemento o el hormigón fresco durante la fase de encofrado y acabado de la estructura. Tal y como apuntas, se localiza en la zona del techo o en el intradós de uno de los arcos/accesos del nido de ametralladoras, quedando protegida de las inclemencias del tiempo, lo que explica su extraordinario estado de conservación.
Muestra claramente caracteres alfanuméricos en relieve negativo hundidos: 14 - C A Z
El momento de la firma involuntaria: Fue en los días calurosos de agosto o septiembre de 1938. La mezcla de hormigón estaba fresca, lista para fraguar y dar forma a la cúpula defensiva o a un parapeto. El soldado, quizás distraído, quizás apresurado por una orden o el sonido lejano del frente, pisó la masa húmeda. Su bota claveteada dejó su marca antes de retirarse. Ese error momentáneo, ese descuido, se convirtió en una cápsula del tiempo perfecta. Los guijarros que se aprecian alrededor de las huellas son los mismos que él pisó. Sus pies, cansados y enfundados en cuero, firmaron la obra para la eternidad.
Una vida imaginada: El Zapador Desconocido: No sabemos su nombre, pero la huella nos permite imaginarlo. Podía ser un campesino, movilizado por los rebeldes o franquistas, o quizás un joven estudiante de Salamanca o Burgos, lejos de su hogar. Ese día, su preocupación no era la historia, sino el hambre, el calor asfixiante de La Serena o la carta de su familia que tardaba en llegar. Él y sus compañeros de la Compañía de Zapadores trabajaban a destajo para fortificar la línea defensiva, mezclando sudor con el cemento.
El destino tras la guerra: ¿Qué fue de él? La huella plantea las grandes preguntas. ¿Sobrevivió a los bombardeos que pronto caerían sobre esa misma estructura? Si vivió, ¿en qué condiciones pasó la posguerra? O quizás, décadas después, fue un anciano que compartía historias de "cuando construíamos los nidos" con sus nietos en algún pueblo extremeño, sin saber que su bota había dejado un rastro que otros, casi un siglo después, encontrarían con respeto.
Un monumento a la vida cotidiana: Esta huella en el hormigón es más que una marca física; es un monumento a la cotidianidad del soldado raso, a la vida anónima que se entreteje en los grandes acontecimientos. En Badajoz y sus rutas de memoria, cada piedra y cada cimiento cuentan una historia. Y a veces, como aquí, es la historia de un paso mal dado que se niega a desaparecer.
La Trinchera de la Sierra: Para coronar la mañana, ascendimos hacia la sierra para inspeccionar y fotografiar una línea de trincheras que dominaba estratégicamente toda la zona de Puerto Mejoral.
La trinchera de Sierra Buitrera, frente a Puerto Mejoral, forma parte de las fortificaciones de la Guerra Civil asociadas a la línea defensiva franquista en esa zona de La Serena. Según la información disponible, el recorrido visita nidos de ametralladora construidos en Buitrera, con uno junto a la vía del tren orientado al norte y otro más cercano a las casas de Puerto Mejoral, oculto entre jaras.
¿Cómo es el conjunto?
No parece tratarse de una sola zanja aislada, sino de un sistema defensivo más amplio con trincheras, nidos de ametralladoras y caminos de enlace entre posiciones. Las trincheras estarían situadas al otro lado de la vía del tren, en la zona abierta de La Serena, mientras que el camino discurre por una franja paralela a la línea férrea y próxima a la sierra.
Contexto histórico
La documentación menciona que estas obras se vinculan al plan de fortificación de la 21.ª División y la Compañía de Zapadores n.º 14, con trabajo de dos batallones de trabajadores compuestos por prisioneros republicanos. También se aprecia que el objetivo era reforzar la retaguardia y la defensa de ese sector frente a posibles avances.
Descripción práctica
En terreno, lo más visible hoy serían restos de posiciones defensivas integradas en el paisaje, con partes mejor conservadas cerca de la vía y otras más ocultas por la vegetación. Si quieres, puedo ayudarte a redactar una descripción más técnica y arqueológica, o una versión breve para incluirla en una ficha de patrimonio.
El contexto histórico: ¿Por qué un búnker en Puerto Mejoral?
Para entender qué hace este búnker en mitad del campo de Benquerencia de la Serena, tenemos que viajar en el tiempo hasta el verano de 1938. En esos meses, la comarca de La Serena se convirtió en el escenario de una de las operaciones más grandes e importantes de toda la Guerra Civil en Extremadura: la llamada "Bolsa de la Serena".
Hasta ese momento, el frente de Extremadura había estado más o menos tranquilo y estabilizado, pero en julio de 1938 el ejército franquista lanzó una gran ofensiva para cerrar este saliente y ganarle terreno al ejército republicano.
Aquí es donde entra en juego nuestro búnker:
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Un punto estratégico en el mapa: Puerto Mejoral no era un lugar cualquiera. Las carreteras, los caminos y las vías del tren que cruzaban por esta zona eran vitales para el movimiento de tropas, comida y municiones. Quien controlara este paso, controlaba la llave de la comarca.
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Fortificaciones a contrarreloj: Ante el empuje de las tropas que avanzaban, se ordenó fortificar las alturas y los puntos clave de Benquerencia. Los soldados y los trabajadores de la época tuvieron que excavar la roca y levantar estos fortines de hormigón a contrarreloj, sabiendo que cada búnker terminado podía salvar decenas de vidas.
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La última línea de defensa: Este nido de ametralladoras formaba parte de una red de trincheras y puestos de vigilancia. Su misión era resistir a toda costa. Si el enemigo intentaba avanzar por el llano, los soldados del búnker podían frenarlos gracias a su enorme ángulo de tiro, completamente protegidos bajo el hormigón.
Hoy en día, cuando paseamos por Puerto Mejoral y nos topamos con este gigante de piedra, no solo vemos una ruina antigua. Vemos el testigo mudo de aquellos días de 1938 en los que el destino de Extremadura se decidió colina a colina, trinchera a trinchera.
José Pecero Merchán.
Este texto ha sido creado en colaboración con inteligencia artificial para su edición y optimización conceptual.
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José Pecero Merchán
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